La ciencia de tomar decisiones
Mientras escribo esto, tengo un ojo puesto en la pantalla y otro cual camaleón en un calendario que me devuelve la mirada desafiante. Dentro del Master al que le dedico mis tardes (y mis noches, y mis fines de semana, y....), estoy terminando un trabajo sobre cómo usar datos para reclutar jugadores de baloncesto que, además de extenderse como la hiedra, me ha dejado lecciones que encajan perfectamente en el mundo empresarial.
El ensayo original se centraba originalmente en analizar el proceso de fichaje de jugadores y los paradigmas de toma de decisión, pero a fuerza de investigar he ido deslizándome por la ciencia de la toma de decisión, y es realmente interesante. Los principios detrás de este análisis son muy aplicables a prácticamente cualquier organización que busque mejores resultados en escenarios complejos. Te cuento algunas cosas.
Decisiones: Entre la Intuición y los Datos
Decidir parece sencillo: evalúas tus opciones, eliges la mejor y sigues adelante. Pero está probadísimo que las decisiones importantes suelen estar rodeadas de incertidumbre. Esto ocurre especialmente cuando no tienes toda la información o el tiempo que querrías, es decir, casi siempre.
Aquí entran en juego dos estilos: la decisión intuitiva y la basada en datos, y ninguna es perfecta. La primera, según teorías sobre cómo pensamos, utiliza atajos mentales (heurísticos) para actuar rápido. Es útil en emergencias, pero a menudo cae en trampas como confiar demasiado en uno mismo o dar más peso a lo último que vimos (más sobre eso más abajo). La segunda se basa en análisis y números para reducir errores, pero puede ser lenta o abrumadora si tiene que trabajar con mucha información. Curiosamente, no son necesariamente excluyentes entre sí, y los procesos de decisión deben tener en cuenta ambos estilos.
Un modelo que captó mi atención leyendo sobre análisis de datos fue el CRISP-DM (un estándar para usar datos de manera práctica). Tiene seis pasos: entender el negocio, preparar los datos, modelar, evaluar y, finalmente, implementar. Aunque suene técnico, es ideal para tareas como elegir al mejor candidato para un puesto o seleccionar proveedores.
Otra herramienta útil es la teoría de la utilidad esperada, que calcula el valor de las opciones según su probabilidad de éxito. Imagina usar esto para decidir una estrategia de marketing o una inversión. Pero lo que más me está llamando la atención es hasta qué punto influyen los sesgos que llevamos de serie incluso en las decisiones más "lógicas". Por ejemplo, los equipos de baloncesto a menudo se dejan llevar por jugadas espectaculares recientes a la hora de fichar jugadores, ignorando un rendimiento constante (si juegas a las Ligas Fantásticas, seguro que te suena). Otro sesgo común es el efecto halo, donde un único atributo positivo, como un físico impresionante, lleva a asumir que un jugador será bueno en todos los aspectos. También está el sesgo de confirmación, donde los equipos buscan datos que respalden sus expectativas iniciales, ignorando evidencia contraria.
Esto también ocurre en las empresas: valoramos más a empleados que destacaron en un último proyecto y olvidamos años de trabajo sólido pero menos visible. A menudo valoramos más al director de proyecto que arregla un carajal, que aquel que hace que un proyecto salga adelante sin ruido, de manera aburrida. O incluso, nos dejamos influir por el sesgo de anclaje, tomando como referencia un detalle inicial, como un salario alto en un currículum, para decidir sin analizar el panorama completo.
La solución es estructurar el proceso de evaluación. En vez de confiar en la memoria, usa criterios claros y medibles (como hacen los equipos con estadísticas de rendimiento) y apóyate en la gestión de esa información, sea objetiva o subjetiva, cualitativa o cuantitativa.
Existen herramientas estratégicas que facilitan este proceso y aportan claridad en la toma de decisiones. Por ejemplo, el conocidísimo análisis SWOT (DAFO) puede ayudarte a identificar fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas en tu organización o proyecto y la regla de Pareto te permite enfocar esfuerzos en el 20% de las acciones que generan el 80% de los resultados (los números son aproximados, en realidad atribuirle esto a Pareto fue causado por un error de Juran, pero eso es otra historia). La planificación de escenarios es ideal para anticiparte a futuros posibles y prepararte frente a la incertidumbre. Estas herramientas, cuando se usan en combinación con las técnicas de toma de decisión que te he mencionado antes para tratar esa información de manera sistemática, amplifican tu capacidad de tomar decisiones más informadas y estratégicas.
Lo que comenzó como un ejercicio académico, que sinceramente me apetecía poco y me quería quitar de encima lo antes posible, se ha convertido en un proceso de aprendizaje apasionante. Tomo nota mental de escribir otro post-receta sobre cómo afrontar la toma de decisiones. Te contaré más.
Y felices fiestas a todxs, especialmente a Luz, Esteban, Enrique, Rafa y Patricia 🙏
(Este contenido se ha redactado con la ayuda de ChatGPT.)